Identidad postiza


Magali García Remis centra su narración en Asdrúbal, un dominicano que vive temporalmente en Puerto Rico. Su meta es hacerse taxista en Nueva York, donde ya está trabajando un tío de su madre. No se especifica su situación en Puerto Rico: vive “apiñado” en dos “cuartos mugrosos” (García Remis 1995: 107) con otros doce compatriotas en Santurce, el “Little Quisqueya“, barrio de los imigrantes dominicanos por excelencia. Vende hot dogs junto con un compañero, Diosdado, probablemente en un circuito informal. Como es el caso de muchos dominicanos, Asdrúbal va a Puerto Rico como una etapa intermedia que lleva a Estados Unidos. La primera frase del cuento reza así: “El dominicano que los muchachos ayudaron a irse a Estados Unidos tenía dos cosas a su favor: un color de piel acaramelado, boricua, y una capacidad fuera de lo común para imitar a la gente” (107). Gracias al color de su piel no sufre del racismo, ya que puede pasar por puertorriqueño mulato claro. Su segundo mérito -el don de la imitación- parece más enigmático y constituye el objeto del cuento. Este aprendiz en la imitación ya domina el arte de caminar como los puertorriqueños, menos derecho, más jorobado, “arrastrando los pies” (108). Se inserta una crítica maliciosa de los puertorriqueños, ya que su amigo dominicano le murmura a Asdrúbal:

Nosotros caminamos muy derechos, porque somos hombres de una república. Los de aquí no. Eso me lo dijo un líder sindical hace mucho tiempo. Los puertorriqueños, estos muchachos del barrio, caminan un poco jorobados, y como arrastrando los pies, como si no les importara nada y es que ellos ya son ciudadanos y no les preocupa el futuro ¿Tú me entiendes? No tienen adónde ir; así que tu tienes que andar, como ellos… (109)

Asdrúbal ensaya esta manera de caminar ante los cristales oscuros del edificio de la Compañía Telefónica (en  la Parada 15 de Santurce) , símbolo del desplazamiento infinito e ilimitado, pero sin moverse… Asdrúbal puede verse a sí mismo y ser visto, pero no alcanza a distinguir a los otros que están dentro. De esta manera prostituye su cuerpo, como si estuviese actuando en un peep show. Asdrúbal también aprende a mirar lejos, “a menos que pase una buena hembra” (108). Así muestra que no tiene miedo de que lo detenga la policía. Su identidad se ve profundamente atacaran cuando sus amigos boricuas, en esta curiosa mezcla de ayudantes y oponentes, le aconsejan tomar otro nombre, el de Willie Rosario. Los muchachos del barrio encuentran inconcebible que, estando en Puerto Rico, se llame Asdrúbal, el hermano de Aníbal, con todas las referencias histórico-clásicas que ello implica. Su nuevo nombre es legalizado mediante papeles falsos por el licenciado Cortés. También su peinado tienen que ser adaptado a la manera puertorriqueña, es decir, a Asdrúbal/Willie le cortan el pelo como a “los mulatos del norte” (109). Asdrúbal imita, por tanto, no a los puertorriqueños ‘blancos’, sino a los mulatos emigrados de la clase barrial. Asdrúbal/Willie procede a una mimicry no del colonizador blanco, sino del mulato claro, creando una identidad metonímica a la segunda potencia. En este caso también podríamos hacer una variación sobre la conocida frase de Bhabha: he’s almost the same, he’s almost like the not quite white. 

El día en que Asdrúbal decide irse a Estados Unidos, parece una versión degradada y grotesca de un mulato puertorriqueño de clase baja:

Lo habían vestido con una camiseta de una cooperativa del centro de la Isla, que por detrás tenía un anuncio de cerveza Budweiser; unos pantalones sueltos, con muchos pliegues -lo que se usa ahora- le dijeron; una bolsita deportiva rota marca Converse y unas tenis enormes, blancas con rayas violetas y cabetes verde chatré […]. (110)

Virgen de Altagracia, patrona de la República Dominicana

Virgen de Altagracia, patrona de la República Dominicana

Con este atuendo le sacan un retrato (el  del título). Efectivamente, se ha convertido en una representación, “a scene that has to be seen” (Fanon, citado por Bhabha 1994: 76). Asdrúbal/Willie se parece más bien a un payaso, a un hombre disfrazado y sus amigos apuestan por el éxito de la empresa, como si fuese un gallo de pelea. Asdrúbal repite todo el tiempo la manera puertorriqueña  de confirmar su identidad postiza: “Soy puelltorriqueño. Soy de Puelto Jrico” (en lugar de “Soy pueitorriqueño. Soy de Pueito Rico”). La prueba final de su falsa identidad consiste en quitarse la medalla de la patrona de la República Dominicana, la Virgen de Altagracia, símbolo extremadamente poderoso para los dominicanos. Sus amigos la sustituyen por una de la Virgen del Carmen. No sirven de nada las protestas de Asdrúbal, quien alega que ésta no es la madona oficial de Puerto Rico, cuya patrona es realmente la menos popular Virgen de la Providencia. Asdrúbal/Willie pasa por la aduana pronunciando la frase mágica que le abre todas las puertas, “rumbo al Jumbo Jet que lo llevó a Nueva York” (112).

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Cf. GARCÍA RAMIS, Magali (1995), “Retrato del dominicano que pasó por puertorriqueño y pudo emigrar a mejor vida a Estados Unidos”, Las noches del Riel de Oro, San Juan: Editorial Cultural: 107-112

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3 Responses to Identidad postiza

  1. Sandoval says:

    Dominicans in the New York metropolitan area initially settled in Puerto Rican communities located in the Lower East Side, the South Bronx, and Brooklyn. They relied on Puerto Rican social networks to find jobs, acquire information about city services, and avoid the ‘migra’ by assuming a ‘Puerto Rican identity’. These Dominicans were racially mixed and probably included more people of African descent than Puerto Ricans. Moreover, most of the Dominicans couldn’t speak English. Their ‘accents’ when speaking English were not significantly different from that of a Puerto Rican. Thus, Dominicans remained indistinguishable from Puerto Ricans in the Euro-American social imaginary.

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  2. Ramón says:

    Even Dominicans who made an effort to distinguish themselves from Puerot Ricans to avoid being associated with their negative symbolic capital were unsuccessful. As José, a Dominican informant, said, “In New York City, if you’re not black nor white, then you belong to a third racial category called ‘Puerto Rican.’ I’m constantly telling white Americans that I’m Dominican, not Puerto Rican, but they seem not to get it.

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  3. Pingback: On A Coconut Island… | Boricuolandía

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