Música para calentar el corazón


Cuando uno parte al exilio, sea la razón que fuese, uno tiende a añorar la tierra, aveces con un poco de exageración. Conforme pasa el tiempo, uno se va despreocupando de los problemas políticos y económicos de su tierra y el recuerdo tiende a ser dulce y positivo. Y dependiendo de que tan nacionalista sea uno, puede ser hasta un recuerdo majestuoso.

No importa que hoy Puerto Rico se este cayendo a pedazos; que los jubilados no reciban sus pensiones completas; que anuncien el cierre de 180 escuelas públicas quesque para ahorraro que el sistema de transporte sea más deficiente que en Nicaragua. Incluso, uno puede seguir sufriendo de todos esos “males tropicales” que se le han achacado a Puerto Rico desde ya mucho antes que Anita en West Side Story indicara que era uno de sus grandes motivos para no regresar a la “ugly island”.

Se es pobre ¡¡Y qué!!

Lo que importa es que se extraña a la tierra, se extraña estar calentandose el corazón bajo el sol. De pronto, las imagenes que tengo en mi memoria de Puerto Rico (mi tierra de adopción) se vuelven en imagenes de un mundo rodeado de lujo, felicidad y calurosa covivialidad. De “pura flama”, como dice la canción de Mamá Borinquen me llama. Donde se repudia el frío y se invita al retorno de los “buenos tiempos”.

 ¡”Mamá! ¡Borinquen me llama!
¡Este país no es el mío!
Borinquen es pura flama,
¡y aquí me muero de frío”!

Tras un futuro mejor
el lar nativo dejé,
y mi tienda levanté
en medio de Nueva York.
Lo que miro en derredor
es un triste panorama,
y mi espíritu reclama
por honda nostalgia herido
el retorno al patrio nido.
¡Mamá! ¡Borinquen me llama!

¿En donde aquí encontraré
como en mi suelo criollo
el plato de arroz con pollo,
la taza de buen café?
¿En donde, en donde veré,
radiantes en su atavío,
las mozas, ricas en brío,
cuyas miradas deslumbran?
¡Aquí los ojos no alumbran
¡Este país no es el mío!

Si escucho aquí una canción
de las que aprendí en mis lares,
o una danza de Tavárez,
Campos, o Dueño Colón,
mi sensible corazón
de amor patrio más se inflama,
y heraldo que fiel proclama
este sentimiento santo,
viene a mis ojos el llanto…
¡Borinquen es pura flama!

En mi tierra, ¡qué primor!,
en el invierno más crudo
ni un árbol se ve desnudo,
ni una vega sin verdor.
Priva en el jardín la flor,
camina parlero el río,
el ave en el bosque umbrío
canta su canto arbitrario,
y aquí… ¡La nieve es sudario!
¡Aquí me muero de frío!

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